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El doctor en Biología Molecular de la UV Alejandro Dinamarca advierte que los estándares de bioseguridad deben considerar aspectos específicos y diferentes a los de vacunas clásicas.
 
En la carrera por convertirse en la primera vacuna segura y efectiva contra el Covid-19, diez candidatas se encuentran en la fase 3, es decir, con estudios clínicos en personas. De ellas, ocho utilizan la técnica clásica para el desarrollo de vacunas y dos apuestan por un método completamente diferente, que de ser aprobado inaugurará una nueva etapa en la generación de las vacunas para la humanidad.

En efecto, las empresas de biotecnología Moderna y BioNtech se basan en el uso de ARN para producir los antígenos en los individuos vacunados. Es decir, introducen información genética específica del virus (ARN) que codifica para un componente del virus que servirá de antígeno para activar al sistema inmunológico.

En el caso de las propuestas para Sars CoV 2, ambas empresas utilizan ARN del virus que codifica para producir un componente específico de la estructura viral.

En otras palabras, mientras las vacunas tradicionales inoculan virus inactivos o partes de su estructura para desencadenar una respuesta inmune en el organismo y, de paso, entrenan al cuerpo para futuros contagios, las farmacéuticas estadounidenses Moderna y Pfizer (junto a su socio alemán BioNtech) buscan introducir el uso de este nuevo tipo de vacunas cuyos resultados de efectividad según lo anunciado por ellas mismas son muy esperanzadores.

Para muchos es un método prometedor hasta ahora y de aprobarse marcaría el inicio de una nueva generación de vacunas.

El microbiólogo de la Universidad de Valparaíso y doctor en Biología Molecular Alejandro Dinamarca afirmó que “las vacunas de ARN hasta ahora nunca habían sido probadas para uso en humanos y sería la primera vez en que se autorizara su uso, por lo que los aspectos de bioseguridad, trazabilidad, eficacia y calidad debiesen considerar estándares distintos a las de las vacunas conocidas a la fecha”.

Dinamarca, quien también es investigador del Centro de Micro Bioinnovación (CMBi) de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Facultad de Farmacia de la UV, explicó que “el ARN es la información contenida en el ADN, que se traduce en proteínas, por lo que la biología evolucionó a tener controlada la presencia y actividad de esta molécula (ARN). De hecho, el ARN se caracteriza por ser extremadamente inestable y ser destruido por la presencia habitual de enzimas RNAsas”.

Desde un punto de vista biológico, el profesor Dinamarca señala que “no puede ocurrir que una célula (incluyendo las de nuestro cuerpo) procese cualquier molécula de ARN foránea presente para producir proteínas que no son parte del funcionamiento o estructura celular. De hecho, eso es lo que diferencia o identifica a una célula de otra, por lo que el control por eliminación de ARN foráneo es natural”.
En este sentido, para que estas prometedoras innovaciones puedan lograr su objetivo, deben asegurar la presencia, estabilidad y actividad del ARN viral introducido.

Asimismo, existe la necesidad de asegurar la bioseguridad con estándares diferentes, “en los que se establezca que la molécula quimérica (proteína producida a partir del ARN introducido), no genere directa o indirectamente efectos genéticos, celulares, fisiológicos, inmunológicos o metabólicos, que a corto, mediano o largo plazo nos induzcan procesos inmunológicos o inflamatorios no deseados. Esto es fundamental”, explicó.

Si bien en vacunas clásicas estos aspectos están muy bien controlados, este nuevo escenario planteado por las farmacéuticas hace necesaria la revisión de los criterios de evaluación y aprobación.

Bajo ese horizonte, el microbiólogo de la UV dijo que “también se debe contemplar que la molécula quimérica, producida a partir del ARN introducido, no tenga similitud con moléculas propias de nuestro organismo, de manera que se generen respuestas de inmunidad cruzada, en donde nuestro propio sistema inmunológico pueda empezar a atacar, al igual que las enfermedades autoinmunes, nuestro propio sistema”, sostiene el doctor.

En la actualidad, continúa Dinamarca, afortunadamente se cuenta con la ciencia y herramientas que permiten establecer estos asuntos, por lo que “estudios de este nuevo tipo de vacunas debiese considerar a la biología computacional, la bioinformática y la biología molecular, de manera tal que el producto farmacéutico final sea adecuado”.

Finalmente, el investigador señaló que “es importante que, de pasar todos las etapas de estudio clínico, de bioseguridad, de estabilidad y trazabilidad de vacunas de ARN, finalmente se asegure a los países y personas que las empresas farmacéuticas producirán una dosis conocida de ARN inocua y con una acción molecular específica destinada a generar una inmunidad contra Sars CoV 2. Las vacunas han sido una de las herramientas biotecnológicas que más han contribuido a la salud de la humanidad y hoy vemos que empieza una nueva era de la mano de la evolución del conocimiento científico y especialmente de la microbiología, bioinformática, genómica y biotecnología”.



 
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