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​Aumento de Omega 3 en leche materna y sus positivos efectos en el desarrollo neurológico y visual del lactante

​Investigación UV analizó diversos estudios científicos sobre las consecuencias de la suplementación con omega-3 durante los periodos de embarazo y lactancia.






El omega 3 ha sido motivo de estudio desde la década de 1970, cuando los científicos daneses Hans Olaf Bang y Jorn Dyerberg, concluyeron que los esquimales, que vivían en Groenlandia, presentaban bajos índices de mortalidad por cardiopatías, debido a su dieta alta en pescado, una de las principales fuentes de este ácido graso poliinsaturado.

 
A la fecha, diversas investigaciones sobre el consumo de omega 3 han permitido revelar nuevos beneficios.

 
En particular un estudio de tesis de la Universidad de Valparaíso, elaborado, en tiempos de pandemia por Daniza Puca y dirigido por las académicas de la Escuela de Nutrición y Dietética de la UV Yasna Muñoz, en colaboración con Pamela Estay y Carina Valenzuela, analizó la literatura científica disponible respecto a los efectos de la suplementación con omega 3 en la leche materna, durante los periodos de embarazo y lactancia, arrojando positivos resultados.

 
El omega 3 no lo produce el cuerpo por sí mismo y debe obtenerlo de la dieta que consume. Tal como lo explica Yasna Muñoz este ácido graso se encuentra principalmente en tres formas en los alimentos: alfa linolénico (ALA), ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA).


 
Beneficios
Sin embargo, en la mayoría de las investigaciones son las variedades EPA y DHA, que se encuentran en productos marinos, las que han demostrado tener mayores efectos en comparación con ALA. Este último es de origen vegetal y se halla principalmente en semillas, como linaza, nueces y chía.

 
“La principal fuente alimentaria de los omega 3 es el pescado con elevado contenido de grasa, que incluye al atún, jurel y salmón, entre otros. También se encuentra en la leche purita mamá y en nutracéuticos o suplementos elaborados en base a aceite de pescado, krill o de concentrados de algas marinas”, advierte.

 
La nutricionista adelanta que obtener un aumento significativo del DHA en la leche materna es importante, ya que “tiene un efecto positivo a nivel del desarrollo neurológico y visual del lactante; estudios destacan una mayor coordinación de manos, mejor rendimiento en pruebas de lenguaje y memoria, mejor comunicación y capacidad de atención, entre otras. Además, se ha visto que contribuye a evitar enfermedades crónicas no transmisibles a largo plazo y potenciar el sistema inmune, disminuyendo el riesgo de enfermedades alérgicas en la infancia”.


 
Cómo ocurre
Por su parte la académica Carina Valenzuela explica que para tener efectos beneficiosos al aumentar el consumo de EPA y DHA se requiere que estos ácidos grasos sean incorporados en las membranas de las células del organismo.

“Al ocurrir esto, se podrían generar cambios en la fluidez de las membranas, en la conformación de estas y la capacidad que tienen los receptores de membrana para interactuar con sus ligandos (moléculas) y producir señales de respuesta dentro de las células. Gracias a estas modificaciones a nivel celular es que se explican los efectos de estos ácidos grasos en salud, ya sea a nivel de desarrollo neurológico-motor o modulación de las respuestas inmunes para disminuir riesgos de alergias y asma en los niños, quienes en sus primeros meses de vida reciben estos ácidos grasos exclusivamente de la leche materna, aporte que dependerá de que la madre consuma suficiente EPA y DHA a través de la dieta o en forma de nutracéuticos o suplementos”.

 
Para alcanzar cifras idóneas de omega 3 en la dieta, la nutricionista señala que “hay un estudio (Hibbeln J y cols. Lancet, 2007) que indica que estos niveles se pueden alcanzar con el consumo de 340 gramos semanales de alimentos de origen marino”.

 
En ese contexto la nutricionista Pamela Estay recomienda el consumo de al menos dos veces a la semana de pescados, preparados al jugo, horno, plancha o vapor, evitando idealmente las frituras.


 
También en algas
“En países orientales, las algas son otra fuente importante de DHA y EPA. Siempre es más saludable el consumo de alimentos, ojalá frescos, para cubrir los requerimientos nutricionales. Además, se recomienda evitar el consumo especialmente de grandes especies de peces depredadores como pez espada o albacora, tiburón, ballena, caballa, blanquillo y el atún durante el embarazo, ya que han mostrado tener mayores concentraciones de mercurio en su composición. En el caso del consumo de nutracéuticos o suplementos de EPA + DHA, idealmente se debe asegurar que contengan certificación de ser libres de mercurio o metales pesados”.

 
Y en cuanto al omega 3 de origen vegetal, ALA, que se puede encontrar en la chía, nueces y linaza, idealmente deben ser incluidas en la dieta por sus múltiples propiedades saludables, sostiene Pamela Estay.

 
“Siempre es aconsejable seguir además una dieta saludable y equilibrada, de acuerdo a las preferencias alimentarias individuales o familiares. Y frente a dudas o problemas de salud asociados a la nutrición es aconsejable solicitar asesoría de nutricionistas”, concluye.