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La académica de la Facultad de Farmacia está siendo velada en la capilla del Cementerio Parque del Mar de Concón.



Con enorme tristeza la comunidad universitaria recibió la noticia del fallecimiento de la académica e investigadora de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad de Valparaíso Patricia Carreño González, cuyo deceso se produjo este martes 5 de octubre.

Numerosos mensajes de condolencias para sus familiares y amigos se han hecho llegar, destacando la calidad humana de la académica y el comprometido trabajo que desarrolló por la Escuela de Química y Farmacia.

Además, sus colegas entregaron emotivas palabras por su partida. La recuerdan como una gran amiga y una excelente académica, que se entregó cien por ciento a la formación de sus estudiantes.

La profesora Silvia Bonilla, académica de la Escuela de Química y Farmacia, destacó las cualidades personales y dedicación por su trabajo de una gran amiga. “Patricia Carreño González, Paty, fue por sobre todas las cosas una gran amiga, una gran persona, sincera, honesta que siempre decía lo que sentía, con convicciones claras. Siempre estaba dispuesta a dar un consejo a sus estudiantes, a tender su mano para ayudar, a sacar lo mejor de cada uno de ellos, valorando a cada uno y haciéndolos que se valoraran a sí mismos. Fue verdaderamente una maestra, no solo por sus logros académicos sino por su forma de ser como persona. Era una persona inspiradora para quienes buscaban su consejo, fueran estudiantes, colegas o amigos. Quería a su profesión, a la academia, a sus estudiantes y a sus amigos”.

La profesora Bonilla agregó que “la Escuela ya no será la misma, en la oficina su recuerdo estará siempre presente en el café de la mañana, entre conversaciones de lo humano y lo divino, de lo académico y lo mundano. Para mí, que tuve la dicha de tenerla como amiga, de contar con su apoyo en los momentos buenos y también en los no tanto, solo queda decirle gracias, por todo lo compartido, por haber hecho del mundo un lugar mejor. Atesoraré por siempre el café que me preparó el día que le llevé las cosas de su oficina a su casa, tal solo unas pocas semanas atrás. Enfrentó su última etapa con valentía, entereza y sin dejar de pensar en los demás. Hasta que nos volvamos a ver”.

También el profesor Daniel Moraga, del Laboratorio de Tecnología Farmacéutica de la Escuela de Química y Farmacia, dedicó unas palabras a su amiga, colega y mentora. “Patricia Carreño dedicaba su vida a educar buenas personas, para que el producto de su trabajo fuese siempre buenos farmacéuticos. Esto significó planificar, ejecutar y verificar una asignatura altamente técnica y convertirla en una herramienta de vida para aquellos que aspiran aportar a la salud pública desde los inicios, es decir, desde la creación de la forma farmacéutica. La convicción para cumplir esa visión fue el sello de Patricia. Al discutir sobre cómo abordar a cada nueva generación, no tengo recuerdos en los que no se haya puesto al estudiante primero. Y la pandemia fue el escenario donde Patricia y su pasión por enseñar ciertamente alcanzaron su máximo punto, como una vela que arde con mayor intensidad antes de apagarse. Durante el comienzo de la pandemia, su enfermedad se revelaba y su vida dio un giro inesperado. Pero no importa cuánto le sacudía la vida una y otra vez, su norte nunca cambió. Desde su primera enfermedad el 2010 hasta el día de hoy, los estudiantes lo eran todo. Como una obsesión por servirles y dar hasta la última onza de su alma a ellos. Querida Patricia, subiste y bajaste de sus trenes de la vida y muchos te recuerdan con cariño por el equipaje que dejaste en sus vagones”.

El profesor Moraga añadió que “durante el 2020 Patricia miró a la izquierda cuando todos lo hacían a la derecha: imponiendo su dogma más importante, se atrevió a creer en los estudiantes. Esto último lo hizo con el fin de atravesar lo árido de las cámaras apagadas y remover el desánimo de sus pupilos. Implementó integrales grupales y con tiempo extenso para reflexionar las preguntas en equipo, tal como ocurre en la vida profesional de un farmacéutico. Se enfocó en el objetivo de la formación por sobre la tentación de castigar la deshonestidad. Tomó las unidades de las asignaturas y las movió como piezas de un tablero, ordenándolas con la lógica del retorno al laboratorio. Pero su visión nunca fue la de la negación ante la adversidad de la pandemia. Ella siempre lo hizo pensando en que todo estudiante merece las mismas oportunidades de aprender. En esta larga batalla para mantener la educación de calidad que tanto se le exige a nuestro equipo académico, apostaste una vez más por los estudiantes y no creo que te hayas equivocado”.

Finalmente, el académico sostuvo que “Patricia fue una maestra en el arte de cultivar bondad en el corazón de un farmacéutico y buscó constantemente maneras enseñar algo que no aparece en libros de tecnología farmacéutica: los valores de la profesión. Las evaluaciones orales estaban diseñadas para dejar salir lo mejor de los estudiantes, asistiéndolos cuando se equivocaban y guiando con mano firme sus pasos hacia la respuesta correcta. Pero Dios sabe que te vi sufrir por cada uno de esos estudiantes que no pudieron pasar la valla. Fuiste firme en cada decisión cuando no lo lograban, pero, aunque ellos no lo supieran, para ti sus derrotas eran las tuyas. Para ti, su aprendizaje era algo que te tomabas de manera personal. Amiga, colega y maestra, gracias por pavimentar el camino de los que seguimos acá. No dejaste que fuesen tus enfermedades las que te definieran y nunca buscaste usarlas como excusas. Por el contrario, planificaste, ejecutaste y verificaste la historia de la asignatura con un patrón en mente, y aquí me encuentro hoy tomando el timón y avanzando con buen ritmo la ruta que dibujaste. Solo espero saber seguir el manual de Carreño para continuar tu legado de educar buenas personas para formar buenos farmacéuticos”.

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